
En el mes de mayo de 1931, antes de acceder Adolf Hitler al poder, Berlín había sido elegida por el Comité Olímpico Internacional, sede de los XI Juegos Olímpicos a celebrar en agosto de 1936. Aunque el ascenso de Hitler al poder hiciera que algunos países, como por ejemplo los EE UU, se plantearan renunciar a formar parte de los mismos, lo cierto es que al final decidieron estar junto al resto de los 48 países participantes.
En aquellos momentos, esta ciudad decidió cambiar la programada 'tercera olimpiada obrera' y, en su lugar, celebrar una Olimpiada Internacional y alternativa como boicot y contrapeso a la olimpiada oficial organizada en el Berlín de Hitler.
Fue tanto el peso que alcanzó que muchos de los países estuvieron inscritos en los dos juegos, los oficiales de Berlín y los llamados despectivamente "parajuegos" de Barcelona.

Un total de 23 delegaciones acudieron a la cita de Barcelona con un total de seis mil deportistas participantes, entre las que se encontraban regiones sin el estatus de independencia política como Argelia, Palestina, País Vasco u organizaciones judías perseguidas por el fascismo en Europa, haciendo así gala de los principios del internacionalismo obrero, la libertad y la fraternidad entre los pueblos.

Al día siguiente la plaza de la República era ocupada por una manifestación de atletas agradeciendo a la ciudad su hospitalidad y llamando a la resistencia contra el fascismo. Muchos de los atletas de aquella Olimpiada Popular, en vez de regresar a la tranquilidad de sus hogares, fueron conscientes de la necesidad histórica en la que se veían envueltos: el primer frente de guerra contra el fascismo y estos atletas fueron los primeros en engrosar las famosas Brigadas Internacionales.

A Pau Casals, el gran violonchelista, compositor y director de orquesta barcelonés, la noticia de la sublevación le llegó la tarde noche del 18 de julio, cuando junto a su orquesta interpretaba la Novena Sinfonía de Beethoven que, como figuraba en el programa, habrían de interpretar en el Teatro Griego de Montjuic el día 19 de julio en la inauguración de los juegos.
Al serle comunicada la noticia, dirigiéndose -visiblemente emocionado- a los músicos, les expresó su deseo de: “No volver a tocar de nuevo aquella sinfonía hasta que volviese la paz” y así lo hizo; pero fue más lejos: Pau Casals nunca más volvió a tocar en tierra española, tampoco lo hizo en Rusia, Alemania o Italia en señal de protesta y lucha contra los totalitarismos y las dictaduras.
1 comentario:
Aquesta ciutat sempre ha encapçalat la davantera en qüestions com llibertat, pluralitat, europeisme i modernitat. No és d'estranyar que davant d'un fet tan puntual i vergonyós com aquest dels nazis que tant agrada recordar al PP, també reaccionés.
És molt fàcil sentirse orgullós de Barcelona i del poble sencer de Catalunya.
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