
En 1914 la casa quedó acabada y el sultán desterrado se trasladó a vivir en ella; pero su estancia duró poco, dos años más tarde, en 1915, el sultán y su pareja se trasladaron a Francia y la casa fue cerrada. A partir de ese momento solo se abría durante los escasos meses de verano o invierno que pasaban en Barcelona, que cada vez fueron menos.
Esta casa, bastante desconocida para los barceloneses que no sean de la zona, es un edificio aislado y rodeado de un pequeño jardín, organizado según una compleja volumetría, con terrazas y miradores prominentes y con una torre con coronamiento agudo que domina el conjunto. Exteriormente, las paredes blancas se complementan con el uso del ladrillo como elemento decorativo aplicado puntualmente, junto con las tejas vidriadas de color verde y los plafones esgrafiados encima de las oberturas, especialmente en la tribuna decorada con columnas salomónicas de ladrillo.
En el salón del piso superior existe un alto friso, que envuelve toda la habitación, con imágenes de niños jugando, gente en la playa, chicos jugando al futbol, escenas de equitación, carreras de coches y motos, cacerías, aviones volando, un gran billar, o un payes con barretina huyendo no se sabe de qué. Estas pinturas han sido atribuidas a Ricard Opisso, las figuras al fresco son de temática costumbrista y reflejan la vida cotidiana de los habitantes de aquellos años.
En el salón del piso superior existe un alto friso, que envuelve toda la habitación, con imágenes de niños jugando, gente en la playa, chicos jugando al futbol, escenas de equitación, carreras de coches y motos, cacerías, aviones volando, un gran billar, o un payes con barretina huyendo no se sabe de qué. Estas pinturas han sido atribuidas a Ricard Opisso, las figuras al fresco son de temática costumbrista y reflejan la vida cotidiana de los habitantes de aquellos años.
Al final de su vida, Muley Afid se quiso con gratular con la ciudad por haberla abandonado para irse a residir a Francia y, en otra de sus excéntricas decisiones que fueron muchas a lo largo de su vida, donó esta casa al Zoo de Barcelona para que cuidase como a una princesa a la elefanta Julia.
En el 2002 la casa fue completamente restaurada por los arquitectos Pere Joan Ravetllat i Carme Ribas y actualmente es la sede del Consulado General de México en Barcelona.
En el 2002 la casa fue completamente restaurada por los arquitectos Pere Joan Ravetllat i Carme Ribas y actualmente es la sede del Consulado General de México en Barcelona.
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